actualidad GENERO Informe

No es amor, es trabajo doméstico no pago.

Street Art en Constitución con la frase de la feminista italiana Silvia Federici

Por Laura Albertini

No solo en Argentina estamos en cuarentena, sino que el mundo entero está confinado.

La gente está aburrida y conectada a internet 24/7 entonces se dedica a subir contenido en redes sociales y compartir sus ocurrencias. El problema es que sus “ocurrencias”, muchas veces, esconden un gran prejuicio.  

Pensemos en los videos de hombres muy orgullosos porque pusieron el lavarropas o ayudaron a su hijo a hacer la tarea.

Uno de los mitos que sostiene la sociedad patriarcal es que las labores domésticas constituyen, por excelencia, el “lugar natural” de las mujeres por su relación cercana con la reproducción biológica, ya que ésta posibilita la alimentación, procreación, manutención y cuidado de la salud. En el contexto de aislamiento social, preventivo y obligatorio que estamos viviendo debido a la lucha contra la propagación del Sars-Cov2, las actividades domésticas son las únicas actividades que hay para hacer. Sin embargo, ni así los hombres se apropian de esas tareas, sino que a lo sumo “ayudan o colaboran” con su mujer. 

Siguen sin sentirse responsables de la realización de las mismas.

Preparar la cena, hacer las compras, limpiar los pisos, lavar y planchar ropa, llevar a los chicos a la escuela o ayudarlos a hacer las tareas, o acompañar a la abuela al médico son tareas que realizan las familias cotidianamente. Todas ellas, englobadas bajo el rótulo de trabajo doméstico no remunerado, y que recaen siempre sobre las mujeres. 

Cabe destacar que la mayoría de las mujeres desarrollan estas actividades en algún momento de sus vidas y desde niñas se les enseña cómo realizarlas a través de la asignación de roles dentro de la familia,  por lo tanto contribuye así a su asignación identitaria como mujer, construida culturalmente.

A su vez, hablar de trabajo doméstico no solamente se refiere a hablar del “lugar natural“de la mujer, sino que, además se trata de un trabajo totalmente desvalorizado e invisibilizado, cuya importancia social para la superviviencia y el desarrollo de las sociedades es negada. 

El feminismo de la segunda ola enfatizó la importancia de la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo como una estrategia para equilibrar las relaciones de género. Pero desde los años 50 se viene debatiendo sobre el conflicto de roles provocado por la dicotomía: trabajo versus familia, porque la incorporación de la mujer en el mercado laboral no ha venido acompañada de una redefinición de los roles al interior de su familia. Ella sigue siendo la responsable de las tareas domésticas y de cuidado. 

Según datos del INDEC, nueve de cada diez mujeres dedica gran parte de su día a estas tareas que incluyen cocinar, limpiar, cuidar niños y adultos mayores. Además, según un estudio sobre Uso del Tiempo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), las mujeres invierten tres horas más de su tiempo que los hombres en las tareas domésticas. Es decir que solo seis varones de cada diez realizan tareas domésticas y también en menor tiempo promedio. 

Sin dudas la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo de forma masiva no se realizó en simultáneo al crecimiento de la participación de los varones en el cuidado del hogar. 

De hecho esta división del trabajo entre hombres y mujeres se asienta sobre concepciones acerca del rol y la sensibilidad de ellos: “El trabajo doméstico no remunerado aparece como algo que las mujeres hacen por amor. La mujer tiende a sacrificar aspectos de su vida personal y laboral para poder cumplir con las demandas del hogar y la familia”, afirma la economista Mercedes D’Alessandro directora de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género. Otro aspecto a tener en cuenta es que el trabajo doméstico no remunerado no aparece en la contabilidad pública, sin embargo, ninguna tarea laboral podría llevarse a cabo sin que este existiera. Según D’Alessandro, también autora del libro Economía Feminista: “No verlo nos quita la posibilidad de combatir una de las principales causas de la desigualdad”. Esto genera que en la mayoría de los casos, las mujeres deban realizar una doble jornada laboral, una remunerada fuera de su casa, en su trabajo formal, y otra no remunerada, realizando las tareas domésticas de su hogar.

Una mujer ocupada full time dedica más tiempo al trabajo doméstico (5,5 horas) que un hombre desempleado (4,1 horas). En términos generales, ellas hacen el 76% de estas tareas no pagas, según el INDEC.

Para visibilizar estas tareas es que el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad creó un “Equipo de cuidados” que realizará “un mapeo nacional sobre todos los servicios de cuidado que existen: comunitarios, estatales, privados, por fuera de las redes familiares”, explicó a Infobae la ministra a cargo de esa cartera, Elizabeth Gómez Alcorta. Lo liderará la economista feminista y docente, Lucía Cirmi Obón.

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