GENERO Informe

La Mala Educación

Por Laura Albertini

En estos días en que la Educación de nuestros niños se encuentra reconfigurandose debido al aislamiento social preventivo y obligatorio dictado para evitar la propagación del coronavirus COVDI19, y que ha obligado a las instituciones educativas de nuestro país a acomodar sus contenidos para poder impartirlos en medios digitales, es importantísimo tener en cuenta a las poblaciones más carenciadas que no tienen resueltas sus necesidades básicas, que viven en condiciones de hacinamiento y que no tienen acceso a esos medios. Y son, justamente, estas poblaciones quienes más necesitan del acceso a la educación.

Resulta fundamental entender que sin educación ningún desarrollo será viable, ni económico, ni social, ni político. Tenemos que formar sujetos capaces de desarrollar un pensamiento crítico y con deseos de superación. Que cuestionen el orden impuesto, que no se conformen ni se maravillen con espejitos de colores.
Y como no podía ser de otra manera, en esta sociedad patriarcal que nos atraviesa, las niñas son las que menos educación reciben. Según cálculos de la UNESCO, en 2001, alrededor de 115 millones de niñas (principalmente) y niños en edad escolar primaria no asisten a la escuela. Llegados a este punto, es fundamental entender que no podemos ignorar que educar a las niñas permite impulsar el desarrollo para todos ya que contribuye a reducir la pobreza y promover la igualdad entre los géneros.
Por ejemplo las niñas que han recibido algún tipo de educación suelen casarse más tarde y tienen menos hijos, quienes a su vez disponen de más posibilidades de sobrevivir y están mejor alimentados y educados. Además estas niñas son más productivas en el hogar y reciben un mejor salario en su lugar de trabajo, y por lo tanto tienen más capacidad para participar en la toma de decisiones sociales, económicas y políticas.
No menos importante es mencionar que la escuela les ofrece tanto a los niñas como a los niños, un entorno seguro, mediante el apoyo, la supervisión y la socialización. Aquí aprenden aptitudes para la vida práctica que pueden ayudarles evitar enfermedades, como el VIH/SIDA y distintas enfermedades de transmisión sexual. Asimismo es muy posible que en la escuela reciban vacunas que les pueden salvar la vida, agua potable y suplementos con nutrientes. Y al reconocer la importancia de la escuela, como toda cadena, educar a una niña reduce también la posibilidad de que su hijo muera antes de cumplir cinco años. En muchos pueblos, la escuela proporciona un refugio seguro para la infancia, ya que es un lugar donde puede encontrar compañerismo, supervisión de adultos, baños, agua potable y, quizás hasta alimentos y atención de la salud.
Otra cuestión importante a tener en cuenta es que privar al niño o niña del acceso a una educación de calidad aumenta las posibilidades de que sea víctima del abuso, la explotación y la enfermedad. Las niñas están incluso más expuestas que los niños al riesgo de sufrir abusos cuando no van a la escuela.
La investigación llevada a cabo por la Unesco refleja una realidad alarmante para la educación de las niñas y adolescentes. Aún quedan sin escolarizar 31 millones de niñas en edad de cursar la enseñanza primaria. De este grupo, se prevé que 17 millones nunca lleguen a asistir al colegio. También hay 34 millones de muchachas sin escolarizar. Casi la cuarta parte de las jóvenes de los países en desarrollo que hoy tienen entre 15 y 24 años de edad (116 millones) no han completado la enseñanza primaria y, por lo tanto, carecen de competencias laborales. Las adolescentes representan el 58% de los jóvenes que no terminan la enseñanza primaria.
Y las conclusiones que brinda son contundentes: Si todas las madres completaran la enseñanza primaria, la mortalidad materna podría reducirse en dos tercios, con lo que se salvarían 98.000 vidas.
Si todas las mujeres recibieran instrucción primaria, habría un 15% menos de mortalidad infantil.
Si todas las mujeres recibieran instrucción primaria, 1,7 millones de niños se salvarían del raquitismo y la desnutrición. Si todas las mujeres recibieran educación de nivel secundario, 12 millones de niños se salvarían del raquitismo y la desnutrición.
Si todas las muchachas completaran la enseñanza primaria, los matrimonios precoces disminuirían en un 14%. Y por último si todas las muchachas completaran la enseñanza secundaria, los matrimonios precoces disminuirían en dos tercios.
En síntesis, la educación capacita a las mujeres para vencer la discriminación, ya que las niñas y jóvenes que han recibido educación conocen mejor sus derechos, y tienen mayor confianza y libertad para tomar decisiones que afectan a su vida, mejorar la salud y las posibilidades de supervivencia tanto propias como de sus hijos, y acrecentar sus perspectivas de trabajo.

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